Español Poetry slider — 13 April 2012

por

Julia Hones

Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
Sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
Dame a beber el malvado veneno
Que te moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada
De por qué lloré tanto en la noche pasada;
Las mujeres lloramos sin saber, porque sí;
Es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
Un mar un poco torpe, ligeramente estulto.
Que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
Y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes, amado, lo debes sospechar:
En la noche pasada no estaba quieto el mar.

El mar en la poesía de Alfonsina es un elemento recurrente. En este fragmento de su poema “Capricho” el mar simboliza su alma, algo que parece estar fuera de su control cuando “se asoma a los ojos” pero que a la vez puede “manejar con una dúctil ciencia”. Estas afirmaciones expresan una contradicción, una lucha interna. En otros poemas el mar es un ente misterioso que la asusta y la seduce al mismo tiempo. Le causa fascinación.

Alfonsina Storni nace en Sala Capriasca, en “un pueblecito que está durmiendo al sol en la montana,” de la Suiza italiana, el 29 de mayo de 1892. (A pesar de amar Suiza, Alfonsina se proclama Argentina).

Esta niña que nace durante un viaje a Europa de placer se ve obligada a abandonar la escuela en segundo grado cuando viven en San Juan, Argentina, debido a los apremios económicos que atraviesa la familia. Recién retomará sus estudios a los 13 años de edad en la Escuela Normal de Coronda, donde comenzará la escuela secundaria directamente. Es también a los 13 años cuando comienza a escribir sus primeros versos.

A los doce años de edad, por decisión propia, se emplea en una fábrica de gorras para ayudar a su familia. Su padre está entregado a la bebida.

Egresa de la Escuela Normal de Coronda como la mejor alumna de su promoción y, con su título de maestra, viaja hacia Buenos Aires. En su maleta lleva escasa ropa, unos libros de Ruben Darío, y sus propios versos. La competencia es feroz y empieza trabajando en un comercio de almacén. Entre latas de aceite y yerba escribe su primer libro de versos, “La Inquietud del Rosal”. Luego de abandonar este puesto se entrega a la docencia.

La poesía de Alfonsina es rica en metáforas, simbolismos y comparaciones. En sus versos la naturaleza está casi siempre presente. A través de los elementos de la naturaleza ella crea un mundo poético de emociones profundas y diversos estados anímicos.

Lo inacabable
No tienes tú la culpa si en tus manos
Mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores.
El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas
De un collar nuevo; romperá la sombra
Un sol precioso que dará a las venas
La savia fresca, loca y bullidora.

Tu seguirás tu ruta; yo la mía
Y ambos, libertos, como mariposas
Perderemos el polen de las alas,
Y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos.
Y los besos se secan como rosas,
Pero por cada muerte siete vidas
Buscan los labios demandando aurora.

Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!

Y toda primavera que se esboza
Es un cadáver más que adquiere vida
¡Y es un capullo más que se deshoja!

La voz literaria de Alfonsina causa asombro en el coro de voces masculinas de la época. En 1918 nieva en Buenos Aires, y Alfonsina publica “El Dulce Daño”. En años sucesivos publicará “Irremediablemente” Y “Languidez”. Su poesía se expande a toda América. Por “Languidez” obtiene su primer premio municipal y el segundo premio nacional de poesía. La ironía y el humor son también característicos de su poesía. “Buenos Aires es un hombre/ Que tiene grandes las piernas/Grandes los pies y las manos/ Y pequeña la cabeza.

Es simplista e inexacto etiquetar su poesía de “feminista”. Lo que hace Alfonsina es desnudar con sarcasmo y humor los prejuicios de una sociedad de pautas rígidas y ambiguas sobre la forma en que la mujer debe comportarse. Esto se evidencia en el musical poema “La Otra Amiga” donde ella habla de mujeres “mentales” y mujeres “carnales”. El sexismo que primaba en la sociedad se expresa sin tabúes en su canto.

“Y otra amiga me dice: `Las mujeres mentales
Perdedoras salimos en negocios de amores.
Tenemos, ciertamente, muchos adoradores.
Buscan pequeños sorbos en caídas vestales.

Su corazón lo ponen no en las espirituales
Que fatigan al cabo. Como cultivadores
Adoran lo que crean: piensan que las mejores
Son aquellas plegadas a sus modos carnales.

Las mujeres mentales somos las plataformas:
Mejoramos los hombres, y pulimos sus normas.
Refinan en nosotras su instinto desatado.

Y cuando ya cansadas de esperar, les pedimos
El corazón, en cambio del propio que le dimos,
Se lleva la que pasa lo que hemos adornado.´”

No existe resentimiento en sus palabras sino el entusiasmo por expresar una realidad que le resulta incómoda a una sociedad que reprime y juzga la conducta de las mujeres. Alfonsina era prisionera de su sexo, y, como tal, era subestimada por escritores de la época. Eduardo González Lanuza dijo “Su sexo constituía una traba. Aun teniendo genio las dificultades hubieran sido inmensas”. La acusa de “tener un elemento de impureza estética en su poesía”. Escribió Baldomero Fernández Moreno, “Chile, Uruguay y Argentina tienen tres pajaritos de gorja fina que son Gabriela, Juana y Alfonsina, del mundo y nuestras”. En el poema “hombre pequeñito” un canario que desea ser liberado simboliza a la mujer.

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
Suelta a tu canario que quiere volar…
Yo soy el canario, hombre pequeñito
Hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
Ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
Ábreme la jaula que quiero escapar;
Hombre pequeñito, te amé media hora,
No me pidas más.

Otro poema que desnuda con gracia e ironía las pretensiones masculinas sobre la mujer y su afán por determinar sus conductas es “Tu me quieres blanca”.

Pero Alfonsina va mucho más allá de las palabras ya que, siendo una madre soltera en una sociedad cargada de prejuicios, tuvo que ganarse la vida y criar a su hijo sola. Alejandro Alfonso Storni (1912-2009) cuenta que el rasgo más importante del carácter de su madre era el amor por la verdad.

Tuve la suerte y el privilegio de entrevistar por vía telefónica a Alejandro Storni cuando yo tenía 15 años en el año 1987. Me trató con la sencillez y humildad de un grande, y me habló de Alfonsina en su rol de madre y de sus trabajos literarios. Recuerdo su voz tranquila y dulce al hablar de ella.

Además de enseñar arte escénico en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación, Alfonsina escribió cuentos, novelas, artículos en La Nación bajo el seudónimo Tao-Lao, críticas y obras teatrales. En 1927 su obra teatral “El Amo del Mundo” en el Cervantes causó revuelo. “Cuesta trabajo perdonar a quien por defender los derechos de la mujer vulnera, por contrario imperio, el de los hombres,” escribió alguna vez Alejandro Storni al referirse a su madre. La obra fue bajada de cartel tres días después del estreno y recibió duras críticas.

Invitada por el presidente de Uruguay, en el verano de 1938, Alfonsina viaja a Montevideo para dar una conferencia. Allí se reúne con Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Meses mas tarde escribe su último poema “Voy a Dormir” y lo envía a La Nación. Pocos días después se suicida arrojándose al mar en Mar del Plata. (El dolor de su cáncer de mama se había hecho insoportable).

En la mañana del 25 de octubre de 1938 un mar calmo devuelve su joven cuerpo de 46 años. Su rostro tiene una expresión serena.

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío
Manos de hierbas, tú, nodriza fina,
Tenme prestas las sabanas terrosas
Y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
Una constelación; la que te guste.
Todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides…Gracias. Ah, un encargo:
Si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

En la década del sesenta nace la canción “Alfonsina y el mar”; la música es creación del argentino Ariel Ramírez cuyo padre había sido maestro de Alfonsina. La letra es de Félix Luna.

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