Español — 28 November 2015

Por

Eduardo Frajman

 

La presente situación de miles de migrantes cubanos en América Central amenaza convertirse en una crisis con repercusiones continentales. En la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, multitudes estancadas esperan la resolución de discusiones diplomáticas entre los cancilleres de varios países de la región. Su intención es inmigrar a los Estados Unidos, donde por ley serán recibidos con brazos abiertos. Pero la travesía, que recorre media docena de países desde Sudamérica hasta el norte mexicano, es peligrosa y repleta de desvíos en las afueras de la legalidad. La actual confluencia de circunstancias ha descubierto una red de tráfico de personas que demanda reflexión y acción por parte de todas las naciones afectadas. En el actual contexto global, con el debate sobre migrantes y refugiados del Medio Oriente y África en primer plano, el tratamiento de esta migración masiva en América Latina creará precedentes que determinará las dinámicas de crisis similares en el futuro.  

En la mañana del quince de noviembre, unos mil quinientos migrantes, de edades diversas pero preponderantemente jóvenes, varios acompañados de niños pequeños, partieron a pie del puesto fronterizo de Peñas Blancas hacia Nicaragua. A aproximadamente tres kilómetros en el interior del territorio nicaragüense fueron enfrentados por un contingente policial y militar. Soldados con ametralladoras y oficiales en aparejo antimotines bloquearon el camino y les ordenaron regresar a Costa Rica. Algunos de los cubanos, de acuerdo a reportes mediáticos y videos amateurs, respondieron con beligerancia. “Libertad!,” gritaban. “Libertad!”

Por ahora, los migrantes esperan en las pequeñas ciudades norteñas de Costa Rica. El clima tropical los hornea durante el día. La humedad los empapa. Visten pantalones cortos y jeans, gorras beisboleras y camisetas livianas. Están completamente a la merced de las autoridades gubernamentales y las organizaciones internacionales de asistencia para su alimento, su resguardo, y, con suerte, una ducha. Cientos más se han asentado temporalmente en la capital de San José, mientras que una vertiente de sus compatriotas continúa fluyendo hacia Costa Rica desde su frontera al sudeste con Panamá.

No hay nada particular en esta ola de migrantes, que constituyen una diminuta porción de los cubanos que han emprendido una travesía similar. Solamente entre Octubre de 2014 y septiembre de 2015, treinta y cinco mil cubanos ingresaron a los E.U. a través de su frontera con México. Fue la eficiente actuación de las fuerzas de seguridad costarricenses las que pusieron en marcha a la crisis. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) desmanteló el diez de noviembre una extensa organización criminal de “coyotaje,” especializada en recibir, trasladar, encubrir, alojar, y supuestamente proteger a migrantes cubanos, africanos y asiáticos desde Sudamérica hasta los E.U. a cambio de miles de dólares por persona. Este laudable acción policial, sin embargo, produjo un efecto inesperado: los actuales clientes de la organización (que, según reportes, enviaba unas cuarenta personas diarias de Costa Rica a Nicaragua) se encontraron de repente sin guías, sin asistencia, y sin medio de cruzar fronteras internacionales. 

Por qué arriesgan los cubanos una larga travesía por tierra cuando Florida es tan próxima a la isla? Por los espinosos caprichos de la ley estadounidense conocida como el “Acto de Ajuste Cubano, el cual otorga preferencia migratoria a inmigrantes cubanos y les abre el camino a la residencia permanente y la ciudadanía. La ley, un residuo anacrónica de la era de la Guerra Fría, fue modificada durante los años noventa. La administración de Bill Clinton, luego de extensas negociaciones con el gobierno de Fidel Castro y con intereses políticos adentro de E.U., estableció el compromiso conocido como “pie mojado, pie seco” (“wet foot, dry foot”), según el cual cubanos interceptados en el mar no son recibidos en E.U. pero los que hacen ingreso terrestre (o son encontrados en territorio estadounidense) sí lo son, como fue explicado al mundo entero en 1999-2000 a través de la historia de Elián González.  

Los pies secos son, entonces, más atractivos que los pies mojados. Migrantes cubanos han optado, especialmente desde 2012, el camino más extenso. Comienza en Ecuador, que recientemente modificó sus reglas migratorias para facilitar la entrada a cubanos por períodos inferiores a tres meses. Este cambio parece haber causado el aumento en el número de migrantes, pero más importante ha sido el acercamiento entre los gobiernos de Barack Obama y Raúl Castro. En Cuba este creó sospechas que “pie mojado, pie seco” sería revocado y la preferencia hacia los cubanos desaparecería. Aunque el presidente Obama y su secretario de estado John Kerry han negado que planean tomar tal medida, la presente situación, irónicamente, ha causado una intensificación del debate sobre la ley. Varios cubanos residentes en Florida han expresado insatisfacción con la manera en que recientes migrantes han manipulado la ley y han tomado residencia estadounidense para movilizarse fácilmente entre E.U. y Cuba. En los círculos más anticastristas, para los que el Acto de Ajuste tiene importancia ideológica, esto es considerado inaceptable. Varias figuras políticas importantes, incluyendo al senador republicano Marco Rubio, han expresado reservaciones acerca de la ley como resultado de la crisis actual.

Dada la prevalencia de la corrupción gubernamental en América Latina, es razonable asumir que el funcionamiento de las varias redes de transporte de personas ha sido facilitado, o por lo menos ignorado, por funcionarios públicos a lo largo de la región. Ahora, gracias a las acciones del OIJ costarricense, el tránsito migratorio se ha visto interrumpido, creando un embotellamiento en la frontera entre Panamá y Costa Rica. Los líderes de la naciones involucradas se han visto forzados a tomar una posición explícita.

La administración de Luis Guillermo Solís en Costa Rica tomó rápidamente la decisión de acomodar a los migrantes, otorgándoles visas temporales y cierto nivel de protección y asistencia. Costa Rica ha propuesto crear un “corredor humanitario” que permita a los cubanos llegar a su destino. El gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, por su parte, se ha reusado a permitir entrada a los migrantes, acusando a Costa Rica de crear una crisis fronteriza mediante la “deportación” de miles de extranjeros a territorio nicaragüense.

Ambos actúan en un contexto global en el que la migración transfronteriza ha adquirido importancia mayor. Las enormes masas de refugiados de Siria e Iraq que han ingresado a Europa han forzado un debate que transciende las condiciones específicas del Medio Oriente y aborda temas fundamentales: la primacía de la protección y dignidad de la vida humana, los límites del control que tienen, o deberían tener, los estados-naciones sobre sus propias fronteras, especialmente dada la constante amenaza del terrorismo. Migrantes africanos hacia Europa, que mueren rutinariamente en viajes marítimos, serán afectados por la reacción internacional a la crisis en el Medio Oriente, y lo serán también migrantes latinoamericanos.

El impase entre Costa Rica y Nicaragua presenta preguntas similares a las enfrentadas por Hungría, Suecia, Rusia, y los E.U., aunque caben recalcar sus idiosincráticas cualidades: la histórica conflictividad entre Costa Rica y Nicaragua en temas fronterizos, la alianza entre Costa Rica y E.U., y entre Ortega y los hermanos Castro en Cuba. Costa Rica tiene poco que perder, siempre y cuando continúe hospedando a los migrantes y manteniendo la estabilidad en sus rangos. Nicaragua, por el otro lado, amenaza atraer oprobio internacional. Imágenes digitales de migrantes con pancartas que declaran “Nicaragua = Nazi” se han hecho visibles en las redes sociales virtuales y, si la presente crisis no se resuelve rápidamente, lo harán con mayor intensidad en las próximas semanas.

La lógica subyacente de las acciones del gobierno de Ortega no ha sido claramente expresada. Nicaragua apela a su derecho de controlar sus propias fronteras. Acaso los otros países del continente no expulsan rutinariamente a inmigrantes ilegales? Al mismo tiempo, Ortega y su círculo de liderazgo debe entender que arriesgan censura, o peor, si mantienen a una concentración de miles de personas en el limbo por tiempo indefinido. Hasta qué punto está Ortega maniobrando para el beneficio de sus aliados en La Habana, y qué espera ganar con tal maniobra?

Cuba, mientras tanto, se ha mantenido al margen de la situación. Oficialmente, el gobierno cubano ha anunciado que los migrantes son “víctimas” de una política estadounidense que los alienta a arriesgar su seguridad. Como lo ha hecho desde los años sesenta, le reclama a los E.U. derogar el Acto de Ajuste.  

Y qué de los migrantes mismos? Tienen el derecho de demandar la asistencia y protección de múltiples naciones porque desean buscar el sueño americano? Costa Rica, al facilitar la travesía de los migrantes, ha aceptado cierto grado de responsabilidad en determinar las fuentes de financiamiento para ayudarlos a completarla. Qué significará esto para la próxima ola de cubanos? Y qué de migrantes salvadoreños y hondureños, que escapan violencia mucho peor que la que existen en Cuba, o haitianos que escapan la miseria de un estado fallido? Si los cubanos reciben asistencia, por qué otras poblaciones no?

De una u otra forma los cubanos seguirán emigrando. O volverán a hacerlo ilegalmente, bajo los ojos ciegos de las burocracias latinoamericanas, o se verán temporalmente beneficiados por compromisos diplomáticos. Pero esta crisis de casualidades contribuye a la necesidad de la comunidad internacional de establecer un nuevo sistema migratorio global. En este momento es imposible predecir si este será guiado por la compasión a la que se puede dar lujo un mundo relativamente seguro y próspero, o por el feroz instinto de proteger este mundo a toda costa.   

 

 

 

 

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